A pesar de todo...florece


por Amor Barros

Me asomo a la ventana todos los días y a menudo. Calles vacías, mucho silencio. Aburrimiento. Sin esperarlo, algo llama mi atención y reparo en el árbol de enfrente. Con tanto monotema, tanta comparecencia, tanta reclusión, no había reparado en la primavera que estalla a mi puerta. El viejo ciruelo está dando flor, y sus capullos, arrebujados, parecen querer explotar. Si me quedo quieta, sin moverme, cada poco viene una pareja de gorriones juguetones a perseguirse por entre las ramas. Alocados, esquivan todo obstáculo con una rapidez pasmosa hasta posarse, brevemente, para picotear algún insecto. Al segundo, retoman su juego, paradójicamente demasiado rápido para estos tiempos de confinamiento infinito. Me alivia y estimula este bullir natural de la vida que sigue su curso. Me sorprende en esas cosas pequeñas, sutiles de cada día, que casi siempre soslayo. Hoy, y mañana, y pasado, y seguramente muchos más días, me doy el lujo de mirar atentamente, sin prisa, estas sorpresas cotidianas. En esta tediosa espera, incluso a pesar de ella, la vida continúa y la primavera florece.

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