Los niños y el confinamiento
por Lady Soap
Manuel es un niño rubio que pronto cumplirá 10 años, un niño normal que, como todos los niños, se hace preguntas sin cesar.
Ya antes del confinamiento, un día llego del colegio y le preguntó a su padre:
- Papi, ¿Tú has visto alguna vez un pangolino?
- ¿Eh? ¿Pero a qué viene eso ahora Manu? -Le dijo su padre.
- Sí, es que la profe en clase nos ha explicado que en no se qué sitio en China, mucha gente se ha puesto mala porque se comieron uno de esos, y yo creo que tiene que ser muchísimo más grande que el Tiranosaurio Rex, porque lo tienen que haber comido muchos para ponerse tantos malos. Yo le he preguntado a la profe que si era muy grande, y que cuantos habían ido a esa comida y que porqué eligieron ese menú, pero la profe me ha dicho, “Manu calla un poco y deja que explique que está pasando en China”. Y luego ha seguido explicando y a mí ya se me ha olvidado preguntarle como es de grande un pangolino.
Su padre para salir del paso le contestó:
- Pregúntaselo a mamá cuando venga de trabajar en el "hospi" que tu madre ve muchos documentales de National Geographic.
Pero el padre se quedo pensando: “es verdad, Manu tiene razón, ¿como será de grande el bicho para infectar a tantos, y cuantos irían a esa comida?”
Así fueron pasando los días. Manu no volvió a preguntar por el animalito en cuestión, pero entonces llegó el confinamiento a su casa, como a la de todos. Primero suspendieron las clases y luego todos en casa, menos Ana su madre que tenía que seguir yendo a trabajar. Y comenzó una etapa de preguntas constantes de Manu y la curiosidad por el bichito en cuestión:
- Mamá en el Mercadona ¿venden pangolino?
- No Manu, por qué dices eso.
- No sé, porque si todos estamos ahora en casa será porque mucha gente ha comprado pangolino y se ha puesto mala.
- Que no Manu, que sólo lo comió uno.
- ¿Y por uno que lo comiese está tanta gente mala? Yo no entiendo nada.
La conversación quedó así, probablemente Manu siguió dándole vueltas, pero decidió ir a su habitación a jugar a la Play. Es lo bueno de esto pensaba: "desde que estamos en casa me dejan mas tiempo con la play".
Otro día cuando su padre llegó con la compra a casa, Manu según vio las cosas que traía, dijo:
- ¡Anda que Greta estará contenta con esto! Has comprado todo envasado en plásticos, todo el día lavándonos las manos y gastando agua, usando guantes de plástico, secándonos con papel, me gustaría saber cómo esta Greta con lo mal que lleva esa chica lo de no ser ecológico.
Al cuarto día de confinamiento, mientras veían la tele en familia y en el justo momento en que salió en antena el mapa del tiempo, Manu volvió a lanzar otra pregunta:
- Pero ¿para qué nos dan el tiempo? Qué más da como haga, si en casa siempre hace igual ¿no?
- Manu el tiempo nos lo dan para ver si podemos tender la ropa fuera, le dijo su padre para intentar zanjar la conversación.
Otro día Manu mientras sus padres veían la televisión y Manu jugaba por el salón y parecía ajeno a lo que sus padres decían, de repente dijo:
- Menos mal.
- Menos mal ¿qué?, le pregunto su madre.
- Pues que estoy a salvo.
- ¿Eh?, dijeron sus padres casi a la vez
- Sí, que estoy a salvo porque esos dos señores rubios, refiriéndose a Boris Johnson y Donald Trump, no están nada preocupados por el Coronavirus, así que tiene que ser porque no ataca a los rubios.
Hoy el onceavo día de confinamiento, recogiendo la habitación de Manu, su padre ha encontrado un papel lleno de barritas, como líneas pequeñas, y le ha preguntado:
- Oye Manu ¿qué es esto? ¿qué son tantas rayitas, es algo para el cole?
- No papá, es que hago una rayita cada vez que me lavo las manos, igual cuando acabe esto lo mando a los que hacen el libro ese de los récords Guinness, y al año que viene salgo en el libro: “Manu el niño que se lavó las manos 23.120 veces en un mes”.
Manuel es un niño rubio que pronto cumplirá 10 años, un niño normal que, como todos los niños, se hace preguntas sin cesar.
Ya antes del confinamiento, un día llego del colegio y le preguntó a su padre:
- Papi, ¿Tú has visto alguna vez un pangolino?
- ¿Eh? ¿Pero a qué viene eso ahora Manu? -Le dijo su padre.
- Sí, es que la profe en clase nos ha explicado que en no se qué sitio en China, mucha gente se ha puesto mala porque se comieron uno de esos, y yo creo que tiene que ser muchísimo más grande que el Tiranosaurio Rex, porque lo tienen que haber comido muchos para ponerse tantos malos. Yo le he preguntado a la profe que si era muy grande, y que cuantos habían ido a esa comida y que porqué eligieron ese menú, pero la profe me ha dicho, “Manu calla un poco y deja que explique que está pasando en China”. Y luego ha seguido explicando y a mí ya se me ha olvidado preguntarle como es de grande un pangolino.
Su padre para salir del paso le contestó:
- Pregúntaselo a mamá cuando venga de trabajar en el "hospi" que tu madre ve muchos documentales de National Geographic.
Pero el padre se quedo pensando: “es verdad, Manu tiene razón, ¿como será de grande el bicho para infectar a tantos, y cuantos irían a esa comida?”
Así fueron pasando los días. Manu no volvió a preguntar por el animalito en cuestión, pero entonces llegó el confinamiento a su casa, como a la de todos. Primero suspendieron las clases y luego todos en casa, menos Ana su madre que tenía que seguir yendo a trabajar. Y comenzó una etapa de preguntas constantes de Manu y la curiosidad por el bichito en cuestión:
- Mamá en el Mercadona ¿venden pangolino?
- No Manu, por qué dices eso.
- No sé, porque si todos estamos ahora en casa será porque mucha gente ha comprado pangolino y se ha puesto mala.
- Que no Manu, que sólo lo comió uno.
- ¿Y por uno que lo comiese está tanta gente mala? Yo no entiendo nada.
La conversación quedó así, probablemente Manu siguió dándole vueltas, pero decidió ir a su habitación a jugar a la Play. Es lo bueno de esto pensaba: "desde que estamos en casa me dejan mas tiempo con la play".
Otro día cuando su padre llegó con la compra a casa, Manu según vio las cosas que traía, dijo:
- ¡Anda que Greta estará contenta con esto! Has comprado todo envasado en plásticos, todo el día lavándonos las manos y gastando agua, usando guantes de plástico, secándonos con papel, me gustaría saber cómo esta Greta con lo mal que lleva esa chica lo de no ser ecológico.
Al cuarto día de confinamiento, mientras veían la tele en familia y en el justo momento en que salió en antena el mapa del tiempo, Manu volvió a lanzar otra pregunta:
- Pero ¿para qué nos dan el tiempo? Qué más da como haga, si en casa siempre hace igual ¿no?
- Manu el tiempo nos lo dan para ver si podemos tender la ropa fuera, le dijo su padre para intentar zanjar la conversación.
Otro día Manu mientras sus padres veían la televisión y Manu jugaba por el salón y parecía ajeno a lo que sus padres decían, de repente dijo:
- Menos mal.
- Menos mal ¿qué?, le pregunto su madre.
- Pues que estoy a salvo.
- ¿Eh?, dijeron sus padres casi a la vez
- Sí, que estoy a salvo porque esos dos señores rubios, refiriéndose a Boris Johnson y Donald Trump, no están nada preocupados por el Coronavirus, así que tiene que ser porque no ataca a los rubios.
Hoy el onceavo día de confinamiento, recogiendo la habitación de Manu, su padre ha encontrado un papel lleno de barritas, como líneas pequeñas, y le ha preguntado:
- Oye Manu ¿qué es esto? ¿qué son tantas rayitas, es algo para el cole?
- No papá, es que hago una rayita cada vez que me lavo las manos, igual cuando acabe esto lo mando a los que hacen el libro ese de los récords Guinness, y al año que viene salgo en el libro: “Manu el niño que se lavó las manos 23.120 veces en un mes”.
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