Mis tareas, sus tareas
por Pizo
Página 17, ejercicios 1, 2, 3 y 4 (resoplo sin que me vea). Estoy preparado. He leído todo el mindfullnes de temporada: mantener rutinas, ser flexibles, empatizar, etc. Y tengo un cursillo de “escuela de padres” a medio terminar por el coronavirus que quieras que no, da puntos…
Nos ponemos. No han pasado 5 minutos y ya discuto a las primeras de cambio con mi hijo sobre si la palabra “JORNADAS”, se refiere al cartel explicativo del libro de texto o es una palabra femenino-plural sin más. Me acuerdo de la madre del autor de la editorial. Vuelvo a respirar contando hasta diez que es muy de manual. No nos ponemos de acuerdo. Que haga lo que quiera, como me meta en este primer charco no salgo.
Suena la olla, me levanto para bajar la vitro al 3 o no comemos.
-¡Papaaaaaaaaaaaá esto otro no lo entiendo! Hiperventilo.
Mientras leemos las instrucciones me viene a la cabeza la lavadora que seguro está a punto de terminar y me pregunto cómo en este estado de confinamiento puedo seguir poniendo la misma cantidad de ropa en el tambor si no salimos de casa. Primer misterio de la vida.
El segundo misterio de la vida es mamá. Tele trabaja y mete más horas que cuando se desplazaba físicamente. Hay que intentar no hacer mucho ruido (¡ja, con 3 en casa¡). Menos mal que ella sí es “multitarea”. En esos pensamientos estaba, cuando… ¡Maldición! La plataforma (hoy sí va) hace “tín, tín, tín”. Está entrando lo de Música. La de Ciencias también se viene arriba, y hasta el de Educación Física, que pide hacer no sé qué en una aplicación de la que no había oído hablar en mi vida. No me despisto. Leo las indicaciones de la tutora. Primera frase: hay que copiar el enunciado. La mato. Pero sólo lo pienso.
Reflexiono de nuevo en silencio. ¿No podía la profe salir en la tele del ordenador y tenemos la clase online en pleno siglo XXI? Todos los maestros tienen un puntito de youtuber que podían aprovechar. En esas estamos cuando caigo en la cuenta de que lo de “Reli” viene en “pdf” y considero la posibilidad de haberle metido en “Valores” a principio de curso. Da igual… llevamos 15 días sin tinta en la impresora. El marrón es el mismo.
Pita el lavavajillas. Ese puede esperar. Miro el reloj, todavía no hemos corregido lo de ayer y ya está cansado. Y yo estoy cansado. Y medito sobre el mundo laboral. Pero no sé por qué, esta mañana mirando por la ventana me viene a la cabeza la carrera profesional de psicólogos y psiquiatras en sus dos versiones (infantil y adulto) y pienso en cómo se van a forrar cuando acabe todo esto.
Página 17, ejercicios 1, 2, 3 y 4 (resoplo sin que me vea). Estoy preparado. He leído todo el mindfullnes de temporada: mantener rutinas, ser flexibles, empatizar, etc. Y tengo un cursillo de “escuela de padres” a medio terminar por el coronavirus que quieras que no, da puntos…
Nos ponemos. No han pasado 5 minutos y ya discuto a las primeras de cambio con mi hijo sobre si la palabra “JORNADAS”, se refiere al cartel explicativo del libro de texto o es una palabra femenino-plural sin más. Me acuerdo de la madre del autor de la editorial. Vuelvo a respirar contando hasta diez que es muy de manual. No nos ponemos de acuerdo. Que haga lo que quiera, como me meta en este primer charco no salgo.
Suena la olla, me levanto para bajar la vitro al 3 o no comemos.
-¡Papaaaaaaaaaaaá esto otro no lo entiendo! Hiperventilo.
Mientras leemos las instrucciones me viene a la cabeza la lavadora que seguro está a punto de terminar y me pregunto cómo en este estado de confinamiento puedo seguir poniendo la misma cantidad de ropa en el tambor si no salimos de casa. Primer misterio de la vida.
El segundo misterio de la vida es mamá. Tele trabaja y mete más horas que cuando se desplazaba físicamente. Hay que intentar no hacer mucho ruido (¡ja, con 3 en casa¡). Menos mal que ella sí es “multitarea”. En esos pensamientos estaba, cuando… ¡Maldición! La plataforma (hoy sí va) hace “tín, tín, tín”. Está entrando lo de Música. La de Ciencias también se viene arriba, y hasta el de Educación Física, que pide hacer no sé qué en una aplicación de la que no había oído hablar en mi vida. No me despisto. Leo las indicaciones de la tutora. Primera frase: hay que copiar el enunciado. La mato. Pero sólo lo pienso.
Reflexiono de nuevo en silencio. ¿No podía la profe salir en la tele del ordenador y tenemos la clase online en pleno siglo XXI? Todos los maestros tienen un puntito de youtuber que podían aprovechar. En esas estamos cuando caigo en la cuenta de que lo de “Reli” viene en “pdf” y considero la posibilidad de haberle metido en “Valores” a principio de curso. Da igual… llevamos 15 días sin tinta en la impresora. El marrón es el mismo.
Pita el lavavajillas. Ese puede esperar. Miro el reloj, todavía no hemos corregido lo de ayer y ya está cansado. Y yo estoy cansado. Y medito sobre el mundo laboral. Pero no sé por qué, esta mañana mirando por la ventana me viene a la cabeza la carrera profesional de psicólogos y psiquiatras en sus dos versiones (infantil y adulto) y pienso en cómo se van a forrar cuando acabe todo esto.
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