La disputa
por Rafael Tabares
La confinación había traído pequeños problemas domésticos que se reiteraban un día tras otro. Aquel día, a las 7, el padre se marchó a trabajar. Y la madre, encendió el ordenador para teletrabajar, pensando en avanzar lo máximo antes de que sus hijos se levantasen.
A las 10, el hijo mayor, requirió el ordenador pues en el aula virtual de su instituto habían colgado unos ejercicios de matemáticas que debía realizar con urgencia ya que contaban para nota. La madre le dijo que esperase, pues necesitaba el ordenador para el trabajo. La ira del chaval se desató, acusando a la madre de injusta.
A la misma hora, la hija mediana pidió el ordenador. Lo necesitaba para enviar un trabajo del cole que previamente tenía que escanear. Además, deseaba hablar por videoconferencia con sus amigas, puesto que el teléfono le iba fatal. El hijo mayor recriminó a su hermana la trivialidad de sus intenciones comparadas con las suyas y empezaron a discutir acaloradamente por el ordenador.
Mientras intentaba poner orden, a la madre le entró un correo electrónico urgente que atender, por lo que se centró en el mensaje e intentó no oír las lindezas que los hermanos se decían mutuamente. A esa misma hora, la hija pequeña pidió a la madre que descargase una manualidad de Internet, puesto que se aburría. La madre no la hizo caso, y la pequeña empezó a llorar desconsoladamente, mientras continuaba la discusión entre los hijos mayores. La madre se levantó de la mesa enfadadísima y comenzó a gritar con histeria para poner orden. Mientras , el móvil, que mostraba el número del teléfono del jefe de la madre empezó a sonar. Con aquel jaleo, la madre decidió no cogerlo pero el teléfono siguió sonando. La niña pequeña se tiró al suelo y empezó a dar patadas a la pared, lo que consiguió que la discusión entre hermanos se hiciera a tres bandas. La hermana mayor soltó un sopapo a la pequeña para que se callase , lo cual elevó el tono de la discusión y de los lloros. Mientras la madre mediaba con gritos de hartura, sonó el skype en el ordenador con llamada entrante del jefe de la empresa de la madre. La musiquilla y los gritos se combinaron en una orquesta perfecta. El hijo mayor volvió a pedir el ordenador, alegando que era el mayor. El skype siguió sonando. La hija menor recriminó a su hermano y su madre, aduciendo un problema de patriarcado machista opresor. La madre empezó a vociferar a todos alegando que ella había pagado el ordenador y que lo necesitaba para trabajar. La hija pequeña siguió llorando sin consuelo mientras pintaba la pared con crema de cacao para llamar la atención. La madre quiso atender el skype poniéndose unos auriculares, pero no los encontró puesto que el hijo mayor se los había cogido y no sabía donde los habían dejado. La madre recriminó a voces a su hijo mayor, pidiendo que buscara los auriculares. El hijo mayor le dijo que lo haría cuando le dejase el ordenador. La hermana mayor increpó a su madre. El perro empezó a ladrar. El skype siguió sonando. Todos gritaban. El teléfono fijo comenzó a sonar, con una llamada de la empresa. La niña pequeña decidió seguir pintando, ahora con mermelada. Todos discutían a la vez y las voces se elevaban cada vez más, reprochándose unos a otros sus legítimos derechos de uso del ordenador.
La disputa concluyó y el silencio se hizo cuando la madre cerró la tapa del portátil y lo arrojó por la ventana.
La confinación había traído pequeños problemas domésticos que se reiteraban un día tras otro. Aquel día, a las 7, el padre se marchó a trabajar. Y la madre, encendió el ordenador para teletrabajar, pensando en avanzar lo máximo antes de que sus hijos se levantasen.
A las 10, el hijo mayor, requirió el ordenador pues en el aula virtual de su instituto habían colgado unos ejercicios de matemáticas que debía realizar con urgencia ya que contaban para nota. La madre le dijo que esperase, pues necesitaba el ordenador para el trabajo. La ira del chaval se desató, acusando a la madre de injusta.
A la misma hora, la hija mediana pidió el ordenador. Lo necesitaba para enviar un trabajo del cole que previamente tenía que escanear. Además, deseaba hablar por videoconferencia con sus amigas, puesto que el teléfono le iba fatal. El hijo mayor recriminó a su hermana la trivialidad de sus intenciones comparadas con las suyas y empezaron a discutir acaloradamente por el ordenador.
Mientras intentaba poner orden, a la madre le entró un correo electrónico urgente que atender, por lo que se centró en el mensaje e intentó no oír las lindezas que los hermanos se decían mutuamente. A esa misma hora, la hija pequeña pidió a la madre que descargase una manualidad de Internet, puesto que se aburría. La madre no la hizo caso, y la pequeña empezó a llorar desconsoladamente, mientras continuaba la discusión entre los hijos mayores. La madre se levantó de la mesa enfadadísima y comenzó a gritar con histeria para poner orden. Mientras , el móvil, que mostraba el número del teléfono del jefe de la madre empezó a sonar. Con aquel jaleo, la madre decidió no cogerlo pero el teléfono siguió sonando. La niña pequeña se tiró al suelo y empezó a dar patadas a la pared, lo que consiguió que la discusión entre hermanos se hiciera a tres bandas. La hermana mayor soltó un sopapo a la pequeña para que se callase , lo cual elevó el tono de la discusión y de los lloros. Mientras la madre mediaba con gritos de hartura, sonó el skype en el ordenador con llamada entrante del jefe de la empresa de la madre. La musiquilla y los gritos se combinaron en una orquesta perfecta. El hijo mayor volvió a pedir el ordenador, alegando que era el mayor. El skype siguió sonando. La hija menor recriminó a su hermano y su madre, aduciendo un problema de patriarcado machista opresor. La madre empezó a vociferar a todos alegando que ella había pagado el ordenador y que lo necesitaba para trabajar. La hija pequeña siguió llorando sin consuelo mientras pintaba la pared con crema de cacao para llamar la atención. La madre quiso atender el skype poniéndose unos auriculares, pero no los encontró puesto que el hijo mayor se los había cogido y no sabía donde los habían dejado. La madre recriminó a voces a su hijo mayor, pidiendo que buscara los auriculares. El hijo mayor le dijo que lo haría cuando le dejase el ordenador. La hermana mayor increpó a su madre. El perro empezó a ladrar. El skype siguió sonando. Todos gritaban. El teléfono fijo comenzó a sonar, con una llamada de la empresa. La niña pequeña decidió seguir pintando, ahora con mermelada. Todos discutían a la vez y las voces se elevaban cada vez más, reprochándose unos a otros sus legítimos derechos de uso del ordenador.
La disputa concluyó y el silencio se hizo cuando la madre cerró la tapa del portátil y lo arrojó por la ventana.
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