Voluntarios
por Rafael Tabares
Por fin llegó la enfermera. Sin duda, ésto era lo mejor del día. Tras doce días ingresado en el hospital, sus diálogos con aquella chica se habían convertido en lo más interesante que le ocurría.
- ¿Cómo se encuentra usted hoy, Dionisio? dijo ella con su ánimo habitual.
- Algo mejor hija. Al menos no me ahogo. Lo cual, debo confesar, es interesante para estar de mejor humor.
Dionisio se percató de la indumentaria de su cuidadora. Llevaba un traje muy especial, lo que provocó su interés.
- Oye, ¿eso que llevas puesto no son bolsas de basura? O al menos lo parece....
- Claro que sí Dionisio. Lo han hecho unos voluntarios de Burgos. Nos falta equipamiento, y esta gente nos está ayudando.
- No sabía yo que con tan poco se podía ayudar. Entonces, yo también podría hacerlo, ¿no?
- Bueno, usted tiene ahora que recuperarse. Eso es lo más importante. Y no veo qué pueda usted hacer.
- Eso corre de mi cuenta cariño. De momento, si es usted tan amable de traerme algo para escribir. Desinfectado, a ser posible. He pensado que cada día, voy a escribirle un par de chistes para que los cuente cuando vaya por las habitaciones. He de decirla que su repertorio es muy limitado...
La enfermera se rió. Y lo agradeció enormemente.
- Por cierto, ese traje ¿no le tira un poquitín de la sisa...?
Por fin llegó la enfermera. Sin duda, ésto era lo mejor del día. Tras doce días ingresado en el hospital, sus diálogos con aquella chica se habían convertido en lo más interesante que le ocurría.
- ¿Cómo se encuentra usted hoy, Dionisio? dijo ella con su ánimo habitual.
- Algo mejor hija. Al menos no me ahogo. Lo cual, debo confesar, es interesante para estar de mejor humor.
Dionisio se percató de la indumentaria de su cuidadora. Llevaba un traje muy especial, lo que provocó su interés.
- Oye, ¿eso que llevas puesto no son bolsas de basura? O al menos lo parece....
- Claro que sí Dionisio. Lo han hecho unos voluntarios de Burgos. Nos falta equipamiento, y esta gente nos está ayudando.
- No sabía yo que con tan poco se podía ayudar. Entonces, yo también podría hacerlo, ¿no?
- Bueno, usted tiene ahora que recuperarse. Eso es lo más importante. Y no veo qué pueda usted hacer.
- Eso corre de mi cuenta cariño. De momento, si es usted tan amable de traerme algo para escribir. Desinfectado, a ser posible. He pensado que cada día, voy a escribirle un par de chistes para que los cuente cuando vaya por las habitaciones. He de decirla que su repertorio es muy limitado...
La enfermera se rió. Y lo agradeció enormemente.
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