El tufillo


por Gustav Erard

Soy profe; pertenezco a ese privilegiado grupo laboral que, simplificando, tiene dos meses de vacaciones y únicamente trabaja 5 horas al día. Hoy no quiero entrar en el escabroso terreno de justificar mis vacaciones o cuál es mi verdadera jornada laboral, hoy me dirijo a vosotros para hablaros del “tufillo”.

El “tufillo” es algo muy común en nuestro país. Es un fenómeno que se desencadena, alrededor de ciertas profesiones, al acercarse fechas o periodos concretos de nuestro devenir existencial.

En el caso de los docentes, el “tufillo” sobrevuela cualquiera de las dimensiones de su profesión; me explico:

Que el colegio empieza el 10 de septiembre y no el 1… empieza a haber “tufillo”.

Que hay un puente de 5 días… ¡toma “súper tufillo”!

Que de repente sin darnos cuenta llega junio y se acaba el cole… llamarle “mega tufillo” se queda corto.

La última situación que nos ha tocado vivir estos últimos días es patética, ya que los que sueltan el “tufillo” y nos desprestigian son nuestros propios “jefes”.

Desde el presidente de Castilla la Mancha insinuando que pretendemos tener 15 días de vacaciones amparados en una pandemia mundial, pasando por los encargados de personal recordándonos que, al día siguiente de cerrar los centros educativos debido a un virus mundial que se propaga como la peste, debíamos acudir sí o sí a nuestros puestos de trabajo, hasta la Consejería de Educación de mi provincia, que obliga a la apertura de los centros educativos, disfrazándolo de servicios mínimos.

En el fondo, todos ellos, lo único que hacen es levantar un hedor insoportable sobre la profesión docente, un “tufillo” que cala en la sociedad, tan profundo, que es imposible de limpiar.

Pero, ¿sabes qué?, #LosMaestrosNosQuedamosEnCasa y puedes echar todo el “tufillo” que quieras, que total, con mascarilla, no molesta tanto.

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